en peligro de extinción

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viernes, 17 de junio de 2016

Sin rédito


Un poema en esdrújula


No soy un poeta sublime, ni excelente, ni ascético,
más bien soy un escéptico,
que no entiende las muestras de júbilo 
ante ninguna bandera.
Soy solo un melómano que quería hacer cánticos oníricos
ante un público etílico,
hasta darme cuenta de mi don arrítmico.
Me suelo mostrar drástico 
con un mundo que padece males endémicos
como los inútiles ejércitos, 
y esos reyes a los que soy alérgico.

No suelo ser un poeta práctico, ni metódico
no busco tampoco ser magnífico,
ni un poeta empírico, que como un físico,
busca la fórmula adecuada,
del poema mágico que conquiste al público.

No me mire así tan perpleja, si soy tan feo
no es culpa de mi estética, 
es mas bien de la lotería genética.
Usted solo fíjese en mi destreza poética, 
en como los versos suben, bajan, saltan, bailan 
y corren frenéticos del cerebro a mi mano
a través de impulsos eléctricos,
salen palabras que practican la cópula con tintes lésbicos,
conquistadoras de nuevos mundos como Américo,
aunque mis versos no trazan planes maquiavélicos,
ni lleven ropajes bélicos.

Por eso nunca seré leyenda como esos cuentos élficos
con anillos y héroes épicos,
Tampoco seré fábula en los países helénicos,
ni actor de una película.
No seré reconocido en Castilla ni en sus páramos,
como Dolores y su séquito de parásitos,
extendiendo sobre la democracia sus tentáculos.

Solo soy un fanático que ha venido a reventar
las pirámides donde viven los faraones,
un parásito que ataca desde dentro,
aunque nunca venderé a la poesía
como los catedráticos eclécticos
que gozan de éxitos hipotéticos,
y son solo un producto
para editores sintéticos,
es tan real como patético.

A mi me gusta mearme encima
de esos fósiles, con mis versos diuréticos,
recomendados por todos los médicos.
También tengo versos sin azúcar para los diabéticos,
y sin grasas saturadas para los dietéticos, 
obsesionados por un cuerpo atlético,
que dejan a su cerebro huérfano.

Soy sin duda pues un poeta colérico
que no tiene ningún mérito,
ni merece ningún crédito,
por hacer este poema pésimo.

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